Es verdad: aquel día se bebio mucho cava. Y sidra asturiana. Y coñac jerezano. Y txacolí. Y vino tinto. Lo que cada cual tenía a mano. Ahí estaban al día sigiente las botellas vacías, en el suelo, a la puerta de unas casas en las que todavía no eran habituales los contenedores de basura.
Puede parecer de pésimo gusto que unas personas beban sin tasa tras del fallecimiento de otra, salvo que esas personas sean irlandesas. Sirva como atenuante que el fallecido, Francisco Franco, había tenido conductas deplorables en los treinta y nueve años anteriores y el ser humano tiene natural tendencia a celebrar las desgracias ajenas cuando quien las sufre ha sido causante de las propias. Sirva como eximente que muchos de los que durante horas descorcharon botellas con alegría no brindaban por la muerte de un individuo: brindaban por el fin de una época y, sobre todo, por el comienzo de otra. 1
I don’t drink much. A while back, an unfinished bottle of wine we’d cracked open while having a friend over for dinner lasted a couple of weeks before finally being drunk up. But I sometimes imagine a number of bottles lined up on the shelf with the initials of certain national and international creeps on the labels. One for each. Thick, ugly, felt-tip-pen letters in black. Not wishing for anybody’s demise but I’ll be celebrating “el fin de una época” and “el comienzo de otra” when they come.
Footnotes
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Carlos Santos, 333 historias de la transición, Madrid, La Esfera de los Libros, 2015, p30 ↩